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Cada ser humano está compuesto por dos procesos o sistemas paralelos. Uno de ellos es rápido, intuitivo, automático y subconsciente, mientras que el otro es consciente, racional, lento y requiere esfuerzo lógico y calculador.

Los hábitos, como puede ser el sedentarismo o el alcoholismo, residen en el sistema uno, según las palabras de Ignacio Rocca, quien entrevistado por el periódico uruguayo, Cromo, afirma que se da una combinación entre los estímulos y las acciones que las personas tienen grabadas e inconscientemente actúan por impulso.

Un ejemplo de ello es que, si una persona es alcohólica y en la casa tiene una botella de whisky, va a ser más propensa a incurrir en un comportamiento no deseado. Lo mismo ocurre cuando una persona es adicta a una tecnología.

En la actualidad existen investigaciones y literatura sobre cómo modificar aspectos del proceso dos, pero no tanto del uno. Es por esta razón, que el ingeniero Ignacio Rocca, graduado de la Universidad ORT Uruguay y actual estudiante del Máster en Ingeniería (por investigación), se dedicó a indagar sobre el sistema uno mientras realizó su maestría Human-Computer Interaction en University of Birmingham (Reino Unido).

Su técnica, según explicó a Cromo, implica “modificar ciertas tendencias para aproximarse al celular mediante ejercicios que cambiaban el estímulo del celular por un libro (o por cualquier otra actividad no relacionada con la tecnología)”.

Para realizar la investigación utilizó la técnica conocida como Modificación de sesgos cognitivos (CBM), que podría usarse para disminuir la adicción al celular.

El experimento fue innovador en dos sentidos, primero porque hasta el momento no se había estudiado cómo funciona la adicción al celular antes, por ser un área muy nueva. Y por otro lado, fue desafiante porque se probó la técnica del CBM por primera vez en una plataforma, una mesa táctil. Hasta el momento solo se había probado en PC o en smartphone.

Rocca demostró un problema que tienen muchas de las nuevas tecnologías y es que no involucran otras disciplinas como la psicología o la ergonomía, por lo que hace más difícil que las personas se familiaricen con un nuevo dispositivo.

“Por ejemplo el otro día leí una nota sobre un teclado inalámbrico que se engancha a los dedos. La misma nota reza lo complicado que será aprender a usarlo, porque de antemano no es intuitivo. Si lo pensamos desde el punto de vista de un software o una aplicación es súper común que los usuarios se encuentren con aplicaciones que son confusas o que su diseño les exige alta carga cognitiva”, sostuvo el ingeniero.

Esto sucede porque en la formación profesional no se tratan estos temas, sino que se dedican más a lo técnico y el trabajo en equipos multidisciplinarios no suele concretarse.

El objetivo del Máster de Rocca fue lograr entender que el desarrollo de las tecnologías debe incluir el análisis de varias disciplinas o por lo menos consultar a expertos de distintas áreas para generar una mejor solución de lo que se brinda.

Según indicó esta disciplina “tiene mucho que ver con cómo las personas se adaptan a las plataformas y, a su vez, cómo las computadoras pueden cambiar o afectar el comportamiento de los seres humanos”.

¿Aplicaciones exitosas?

Es necesario empezar a prestar atención al proceso mediante el que se desarrolla la tecnología y aplicar un proceso de desarrollo centrado en el usuario. Es decir, “entender y modelar a los usuarios, sus tareas o acciones con la aplicación y el contexto de uso”, explicó Rocca. Asimismo, se deben diseñar y validar las interacciones. El objetivo es evaluar la aplicación desde el punto de vista de su usabilidad.

“Es un proceso cíclico, iterativo y muy empírico, donde la participación del usuario es la clave”. Esto es una forma de dar certeza de que la aplicación que se va a desarrollar va estar orientada a los usuarios y brindará una buena experiencia.